¿Cómo era vivir en el Harem Otomano?

La Vida en el Harem Otomano

. En el Imperio Otomano el harem era la parte del Palacio Topkapi de Estambul, donde habitaba el sultán con sus mujeres y niños. Una zona privada en contraposición a la parte abierta para los invitados, que se destinaba principalmente a los hombres.

Palacio Topkapi de Estambul
Nos tocó visitarlo un día lluvioso

Era un verdadero privilegio entrar y solamente lo podía hacer el sultán, su familia más cercana y algunos sirvientes y estaba totalmente prohibido para el resto de los mortales. Excepcionalmente algunos hombres como médicos o músicos podían acceder pero de manera muy controlada y en determinados días y solo a algunos sectores del harem.

Cuenta una historia que en 1869 la Emperatriz de Francia Eugenia de Montijo recibió un bofetón de parte de la madre del sultán cuando ella intentó entrar en el harem sin su permiso, aún cuando iba acompañada del sultán.

Sin embargo, era un lugar muy poblado y llegaron a vivir hasta 1000 personas en esa área de palacio, mujeres, niños y esclavas. Contenía 6 despensas, 46 lavabos, 6 baños turcos, 4 cocinas, dos mezquitas y un hospital. En el harem también vivían sirvientes varones castrados (Eunucos) y muchas mujeres en tareas de limpieza, cocina, etc.

El Harem Otomano tenía su propia organización y administración y una jerarquía interna.

Haren turco
Habitaciones del Harem

La persona de mayor autoridad era la madre del Sultan, llamada Valide Sultana, dirigía todo tanto lo económico como social.  Tenías los aposentos más grandes y lujosos.

Por debajo de ella estaba la primera esposa del sultán o la esposa madre de su primogénito,  también con  habitaciones especiales.

En tercer lugar seguían sus otras esposas oficiales, el número ya dependía de cada sultán y al mismo nivel también podían estar sus concubinas más especiales o favoritas.

Las concubinas eran aportadas por tratos comerciales y eran mujeres de cierta categoría. Mientras que las esclavas, eran traídas de otros países, a veces compradas, secuestradas o capturadas en batallas, no eran musulmanas y se las elegía por su belleza. Las esclavas eran entregadas al sultán como regalos para ganar su simpatía. No era común que las esclavas llegaran a ser esposas oficiales.

Esclavas del Harem

Cuando las mujeres llegaban al harem pasaban por un período de aprendizaje, de las costumbres y modos turcos que debían adoptar. Sin embargo no se las obligaba a convertirse al Islam, podían mantener su religión. Pero debían cambiar su nombre a uno turcomano.

Las esclavas se relacionaban muchas veces por su afinidad según su origen, venidas de la guerra o de los mercados de esclavos.

Las que demostraban mayor inteligencia podían aspirar a posiciones de más categoría, como ser doncella de alguna de las esposas o en el mejor de los casos de la Valide Sultana.

Por otro lado a las excepcionalmente bellas que podían ser del agrado del sultán,  se las educaba en danzas e instrumentos musicales y en el arte de amar. Podían convertirse en concubinas del sultán o de altos funcionarios de la corte. Después de 9 años de servicios tenían derecho a casarse con algún oficial o funcionario y los gastos de la boda eran pagados por el sultán. De esta manera conseguían su libertad ya que se estimaba que habían dejado de ser útiles en el harem. Si no conseguían casarse, podían quedar en el harem.

Las favoritas podían tener habitaciones propias como las esposas y buena cuota de poder y de tráfico de influencias.

Rincón con sofá del haren
Rincón con sofá del haren

La Vida en el Harem

En el harén se vivía bajo estrictas normas basadas en la tradición. Pero no era una cárcel, las mujeres podían salir fuera del palacio a pasear o navegar por el Bósforo si tenían el permiso de la Valide Sultana.  Iban acompañadas de un séquito de sirvientes eunucos y guardias. Por supuesto llevaban el rostro cubierto y nadie podía acercarse a ellas.

Se consideraba a estas mujeres propiedad del sultán, sin embargo pocas mujeres escaparon del harén en todos los siglos de su existencia. Es cierto que no tenían adonde irse que la mano del sultán no llegara y además el harem les proporcionaba una vida muy cómoda, con las necesidades satisfechas, ciertos lujos y a veces cierto poder. Muchas mujeres se consideraban afortunadas de vivir en palacio y de su posición en la sociedad.

Otra característica de este pequeño mundo, era la lucha por el poder, las intrigas y los celos de todo tipo. Lamentablemente muchos niños nacidos en el harem murieron jóvenes, especialmente en el siglo XVI cuando una ley habilitó que todos los hijos del sultán tenían derecho al trono, hubo muchos asesinatos entre hermanos y hermanastros y también algún sultán mató a sus propios hijos por temor a que lo atacaran a él.

La práctica del Harem terminó a principios del siglo XX cuando se terminó el sultanato y Turquía se convirtió en república.

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